La práctica de la armonía en la mecánica del cuerpo invita a observarnos, a percibirnos y a descubrirnos como individuos. Va más allá del entrenamiento físico, de la fuerza contráctil del músculo y de la habilidad motora. Nos invita a observar y a sentir el cuerpo mediante el diálogo que se establece entre quien conduce y quien recibe esta práctica disciplinaria. Un diálogo que nos lleva a realizar un tipo de movimiento para conseguir el tono justo de la musculatura, acomodar las articulaciones y equilibrar la estructura en la verticalidad con el fin de evitar el desgaste prematuro de la mecánica corporal y mitigar los efectos del paso del tiempo.

El mecanismo corporal está diseñado para actuar de una manera determinada y, por lo tanto, ciertos movimientos tienen similitudes en todas las actividades físicas que ponemos en práctica. Por eso, explicar qué hacemos no es tan importante como comprender que esta práctica debe ir acompañada de una intención. El cuerpo no es un simple instrumento articulado desde el exterior. Hay que observarlo desde la riqueza de sus matices más intrínsecos; percibir el cuerpo es también el punto de partida para reconocernos como individuos emotivos e instintivos, lo que nos llevará a poder disfrutar de una existencia más específica y singular.

Percibir la anatomía comporta dedicación. La percepción es la parte integradora de uno mismo. De ahí la importancia de aplicar la conciencia en todo aquello que ponemos en práctica y estar atentos a las sensaciones. Percibir está más cerca del empirismo que de las teorías a priori. Para sentir el cuerpo no hay reglas. En todo caso, no exige el seguimiento de unas normas definidas, ya que de inmediato se tornan rígidas, sin sentido. La reiteración sistemática o la imitación del movimiento no hacen otra cosa que alejarnos de la conciencia, y la conciencia es un requisito imprescindible para percibirnos. Ciertamente, necesitamos tiempo, dedicación y atención para aprender a observarnos. Sin embargo, esto no quiere decir que tengamos que devanarnos los sesos para conocer la anatomía de forma teórica y especulativa, porque así no seremos más perceptivos. En realidad, para empezar a comprender, debemos tomar parte en el desarrollo de nuestro sistema desde la individualidad propia.

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